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Alguna vez un referente político dijo que la democracia, pese a sus defectos, es la mejor forma de gobierno que existe. Este 24 de marzo, al conmemorarse un nuevo aniversario del último golpe militar, es importante reflexionar sobre este trágico episodio que marcó un punto de inflexión en la historia política y social del país.
A cualquier joven argentino que ronde los 30 años le resultará difícil vivir en una sociedad donde le esté prohibido elegir a un presidente, gobernador, diputado o intendente. O que no pueda manifestar su postura contraria a las políticas llevadas a cabo por el gobierno de turno, al tiempo de no contar con vías de expresión como una marcha, un piquete, una sentada, reuniones para debatir o los medios de comunicación.
Actualmente identificamos ciertas “caras” de la oposición política, personajes como Elisa Carrió, Mauricio Macri, Eduardo Duhalde o el misionero Ramón Puerta. Pero, cabe preguntarse si los muchachos y muchachas de las tres décadas (y menos), se imaginarán cómo sería un país sin las otras voces, sin escuchar el repique de las otras campanas.
Hace 34 años, miles de argentinos se vieron obligados a abandonar el país, por pensar distinto al gobierno militar, que llegó a la presidencia de
Al ser consultado por la prensa internacional sobre las personas cuyo paradero era incierto, el entonces jefe de estado, Rafael Videla, respondió que no estaban ni vivos ni muertos, sino que estaban desaparecidos. Término, que sin duda alguna caló hondo en la memoria popular, ya que recuerda la situación de 30 mil personas de las que hasta la fecha, nada se sabe.
Fue durante la misma época nefasta donde el tráfico de bebés era una práctica común, mediante partos clandestinos y adopciones ilegales, ocultando laverdadera identidad de esos hijos y nietos e impidiéndoles vivir su verdadera vida.
Talvez, si los jóvenes de hoytuvieran presente esos hechos trágicos de una de las páginas más negras de nuestra historia, se darían cuenta de los afortunados que son al vivir en democracia. Yo soy hija de la democracia. Es cierto no presencié esa época negra, pero no voy a esperar a tener canas para poder opinar, porque soy argentina y con eso me basta para decir: ¡Nunca más!
Carolina Arce
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